jueves, abril 26, 2007

Mis últimos escritos

Mis últimos escritos en la isla deben cantar una brisa de mar que nazca de mis lágrimas y repose en el descanso de mi hogar. Deben besar la arena finísima de la playa virgen que no mojó mis castigados pies.

Mis últimos escritos en la isla deben mirar al mar y que el silencio los una en matrimonio. Deben enviar con las gaviotas todos los sueños que están a punto de partir.

Mis últimos escritos en la isla deben ser sencillos, como un beso de despedida. Deben ser desesperados, como el amante que espera en la estación la llegada del tren y no ve nunca que llegue el momento.

Mis últimos escritos en la isla deben mirar atrás y llorar una estela en la mar. Deben mirar hacia el futuro y ver una estrella nueva y brillante.

Mis últimos escritos en la isla deben acariciar la yema de mis ásperos dedos. Deben sonreírme para que recuerde que no estoy solo.

Mis últimos escritos en la isla deben bailar con mi soledad. Deben sentarse al borde del mar y cantarle bajito, como siempre, a La Luna.

Mis últimos escritos en la isla no deben ser mis últimos escritos. Y ésta, no debe ser ni mi última isla, ni mi último retiro.

Mis últimos escritos en la isla deben llevarse consigo tantos recuerdos… que queden en mi corazón, para siempre.



Palma de Mallorca a, 25 de Abril de 2007

Música

Música que abraza mi alma y me eleva por encima de las nubes.
Recorren mi espalda las silenciosas notas de un lamento haciendo que
el vello de todo mi cuerpo se levante hacia el infinito.
Abrazo mi guitarra, fiel y leal compañera de tantos y tantos momentos
de oscuridad y susurros en soledad.
Sin ella todo se torna opaco y gris como un muro inexpugnable que nadie es capaz de sortear. Como una mordaza que silencia mi aliento.
Cuando canta, mis ojos se cierran en paz. Ella sabe cuidarme y arroparme en la noche. A cambio, solo pide que al anochecer cuando suelo cantarle, bajito, a la Luna, la abrace como si no fuese a dejarla marchar nunca.
Ella sabe que le pertenezco igual que ella a mí. Su silencio no se hace noche si no paso la yema de mis dedos por su dulce silueta. Y mis lágrimas no se tornan lluvia si ella no me ofrece su aroma de complicidad.
Su voz es mi silencio y mi corazón el suyo.



Palma de Mallorca a, 22 de Abril de 2007

domingo, abril 22, 2007

¿Por qué?

¿Por qué a menudo mi sed se desborda?
¿Por qué mis ojos se cierran y no descansan?
¿Por qué mi tacto casi ha olvidado lo que es el calor de un cuerpo?
¿Por qué mi olfato se pierde en la lejanía buscando sin rumbo?
A menudo mi piel se torna desierto y mi sudor arena ardiente.
Mi lengua palidece como la suela del zapato de un vagabundo sin lumbre.
A menudo creo que jugamos en una ruleta donde faltan números.
Mi camino se estrecha abrazando mis pies; y al caminar, parece que pateo los naipes que han ido formando mi estructura, derrumbándolos.
La soledad bebe de mis lágrimas ya casi secas y amargas.
El olvido canta la melodía que un día me hizo bailar.
La impotencia, amiga de la mentira, mulle mi almohada cada noche.
Y no estoy solo, lo sé; aunque así me sienta cada anochecer cuando miro la Luna buscando las respuestas que no me dará.
Cuando miro las estrellas que se llevan su brillo lejos de mis sombras.
Cuando miro mi camino que se pierde incierto en el horizonte.




Palma de Mallorca a, 2 de Abril de 2007

domingo, abril 01, 2007

Un lindo Angelito

Existe un lindo angelito, lejos muy lejos, allende los mares, que Lima los barrotes de su ventana para ir a visitar a los niños. Allí, cerquita del cielo, les lleva su corazón de chocolate y con su sonrisa de terciopelo les da un brillo en los ojos que iluminan todas las montañas, los valles, los ríos, quedando hipnotizados de su belleza. Las niñas recuerdan que sonreír un poco más, hace que sus vecinitos salgan a la calle, siempre fría y llena de arcilla húmeda, con sus cabecitas enfundadas en coloridos gorros de lana, a jugar con ellas, como si la vida se hubiese detenido en ese momento. Ya no tienen frío, ni siquiera hambre; solo quieren jugar con las ilusiones que el lindo angelito les lleva en su sonrisa, en sus abrazos, en sus caricias. No necesitan nada más. Quizás mañana, cuando el ángel se marche, vuelvan a sus casas; frías, silenciosas, oscuras. Pero lo que es seguro, es que cada noche mirarán las estrellas recordando el brillo que el lindo angelito les posa en el corazón. Y cuando acurrucados en sus pequeñas camas, reposen del largo día, soñarán con el regreso de su lindo angelito; porque así esperan cada día con ilusión volver a ser abrazados por el amor que les lleva su nueva amiga.




Palma de Mallorca a 31 de Marzo de 2007