jueves, abril 26, 2007

Música

Música que abraza mi alma y me eleva por encima de las nubes.
Recorren mi espalda las silenciosas notas de un lamento haciendo que
el vello de todo mi cuerpo se levante hacia el infinito.
Abrazo mi guitarra, fiel y leal compañera de tantos y tantos momentos
de oscuridad y susurros en soledad.
Sin ella todo se torna opaco y gris como un muro inexpugnable que nadie es capaz de sortear. Como una mordaza que silencia mi aliento.
Cuando canta, mis ojos se cierran en paz. Ella sabe cuidarme y arroparme en la noche. A cambio, solo pide que al anochecer cuando suelo cantarle, bajito, a la Luna, la abrace como si no fuese a dejarla marchar nunca.
Ella sabe que le pertenezco igual que ella a mí. Su silencio no se hace noche si no paso la yema de mis dedos por su dulce silueta. Y mis lágrimas no se tornan lluvia si ella no me ofrece su aroma de complicidad.
Su voz es mi silencio y mi corazón el suyo.



Palma de Mallorca a, 22 de Abril de 2007