jueves, noviembre 20, 2003

Ausencia

El cristal de mi ventana llora su ausencia. No se ve ni un alma en la calle; tan sólo un perro vagabundeando tembloroso y solitario. Espejo de mi imagen, vacía. Los días pasan sin sentido hacia ningún lugar en concreto; sólo pasan. Mis ojos se secan una y otra vez para volver a ver su imagen. Mis manos apoyadas en la ventana acarician sus mejillas. Mis recuerdos me rodean y me abrazan sin descanso. Su olor me abandona poco a poco, riéndose de mí. Todavía escucho su voz dulce y risueña. Su sonrisa ilumina torturadora mis noches tan vacías, tan silenciosas, tan largas. Mis sábanas empapadas en sudor me devuelven a la realidad, a la soledad. Camino sin mirar a donde, como un velero sin rumbo ni destino. Sólo mecido a voluntad de las olas, caprichosas a veces, crueles muchas otras. No hay faro en el horizonte. No hay estrella que guíe mi locura. No hay luna que escuche mi llanto. Solo hay soledad. El mar me rodea y me aleja de cualquier sitio. Me habla al oído. Me dice que siga mi camino, que no desespere. Pero no sabe que mi sueño se rompió. Mi sonrisa se tornó oscura, seca. Mi corazón ya no late de alegría; sólo me acompaña con ritmo pausado y cansado. Ya no escucha la música que le hizo bailar sin descanso. Sólo se encoge en sus recuerdos y se cierra para llorar en silencio. A veces me mira y me sonríe cómplice del pasado. Escuchamos la noche hasta quedarnos dormidos, los dos abrazados. Mi corazón y yo. Así va pasando el tiempo, apagando las luces que me rodean. La soledad vuelve a ser mi fiel compañera. Me acuna dulcemente, me hace suyo. Me conoce y me acompaña. Miro a las estrellas y no encuentro su mirada. Ya no hay luz que ilumine mi rostro, ya cansado. Busco sentido a este viaje, sin encontrarlo. La verdad es que ya no espero nada del camino. Sólo pasa por debajo de mis pies y yo me limito a ir levantándolos para no caer. Su camino se fue alejando del mío con una rapidez escalofriante, aterradora. Ya no caminamos juntos. Todavía me parece verla cogida de mi mano ayudándome a caminar. Dándome el aliento que nunca había tenido. Dándome la seguridad de ir hacia buen puerto. Dándome la vida. Ahora sólo puedo llorar su ausencia... como el cristal de mi ventana.