Despedida
Mis dos últimas lágrimas se despidieron de ella, quizás para siempre.
Su camino se prometía lejano y sobretodo incierto. Pero lo más triste es que sería totalmente opuesto al mío. A veces encuentras una luz que no aciertas a enfocar hacia ti.
Enfundada en un jersey negro color noche, estaba tan preciosa que parecía que nunca iba a envejecer. Parecía estar gritando que la abrazasen y no la dejasen nunca más. Que no dejasen que el frío penetrara en su dulce piel color canela. Que sus labios no se volviesen a estremecer de soledad. Que su pelo salvaje tuviese siempre unas manos dispuestas a acariciarlo. Aunque la realidad era bien distinta. Ella partía hacia un nuevo camino. No quería mirar hacia atrás. Guardó mis versos, quizás en un rinconcito de su corazón y bajó el telón. Mañana iba a ser otra historia, otra vida. Solo espero que encuentre la paz que necesita. Que la acaricien como si fuese octava maravilla del universo. Que encuentre el hogar que caliente su corazón. Y sobretodo… que no tenga que volver a preocuparse de su gato. Así ella será feliz… y yo, por ella, también.
Palma de Mallorca a, 4 de diciembre de 2006
