Fruto Caído
Como un fruto caído, acomodado en su pequeño agujero, al que el sol va arrugando el alma, me consumo. Las hojas caídas y amarillentas, casi petrificadas, van deshaciéndose en forma de puzzle sin solución. La piel hostigada por la brisa se va cuarteando como el papel que envolvía un juguete y fue olvidado en un rincón. Incapaz de rodar para salir escapando. Incapaz de volver a lucir su saludable color. Pequeños gusanitos van comiendo del interior, lentamente pero sin pausa. A veces parece que se hincha gozoso; Pero no es más que el vacío que va aumentando dentro de él. Ni siquiera se ve ningún otro que haya caído en la misma situación. Amargo por dentro, con sabor a olvido y a oscuridad. Cómo le gustaría rodar árbol arriba y volver a su ramita acogedora. Volver a ver amanecer, respirar el aire fresco, ver las flores bañadas de rocío. Ahora siente que ya nadie alargará la mano para acariciarlo y llevarlo con él. Con un poco de suerte, si logra que nadie lo pise, recibirá una patada que le alejará de su desvanecimiento y le acercará más a la realidad. Realidad que le convierte poco a poco en un pequeño objeto indescifrable, casi grotesco. De todas formas, no sabemos cuál será su último destino. Ni siquiera sabemos si mañana seguirá el árbol ante él.
Palma de Mallorca a 28 de Septiembre de 2006

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