A veces (II)
A veces veo como las horas se abrazan y bailan ante mi café ya frío. Sonríen y giran y giran sin ni siquiera reparar en mi presencia. Solo me limito a mirar a mi alrededor buscando un espejo donde verme reflejado. A veces me siento como el clásico vampiro que se pregunta si realmente existe, ya que no es capaz de reflejarse en los ojos de los demás. A veces busco una mirada que me devuelva a la vida aunque casi siempre fracaso en el intento. La culpa se sienta a mi lado y me señala con el mismo dedo que acaba de introducir en mi café, aún más frío. No sé si acusándome por todas las paradas en las que no fui capaz de subir al tren y cambiar de camino o simplemente me señala para que me dé cuenta de que alguien me ve existir. Mis piernas llevan tanto tiempo sentadas que casi no las siento. Creo que si les ordeno levantarme van a soltar sonoras carcajadas y van a volver a estirarse para reconciliar el sueño. A veces apoyo los codos en mi pequeña mesita apoyando la cabeza sobre mis manos y mis ojos se cierran creando un mundo paralelo e inquietante. Un mundo, a veces desconocido, a veces tan conocido y añorado. A veces quiero coger la taza de café que me reta burlona y lanzarla hacia el infinito; gritarle a mis piernas que me propulsen en un salto desesperado hacia las estrellas; pero eso nunca ocurre. Sigo mirando como mi café reposa y se va oscureciendo. A veces querría que mis ojos se cerrasen y se marcharan de vacaciones permanentes. Que mi cansancio me trajese otro café para ver como se enfría y se oscurece. A veces creo despertar en el mismo día anterior, a la misma hora, en el mismo lugar. A veces quiero dejar de escribir. Quiero dejar que me dejen. Quiero dejarlo todo.
Palma de Mallorca a 13 de Septiembre de 2006

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