viernes, julio 21, 2006

Mi Rosa

Acaricié una rosa casi con pánico de que se truncara
y ella me ofreció su anhelado aroma.
Le sequé sus lágrimas de rocío con las puntas de las yemas de mis dedos
y ella me ofreció su deslumbrante color.
La quise abrazar y sentí un suave, casi tímido pinchazo en la mano.
Vi mi sangre rojiza como las suaves mejillas de mi rosa
y entendí entonces que los dos proveníamos de una sola alma.

Palma de Mallorca a 12 de julio de 2006