miércoles, noviembre 01, 2006

Sin Título

Veo el mar borroso entre mis lágrimas.
Percibo su aroma; lejano, esquivo, indiferente.
Si cierro los ojos parece secarse casi a la misma velocidad que,
imperturbables, caen por mis mejillas dos ríos de angustia.
Humedecen mis labios que casi yacen inertes e inmóviles.
Ahora el mar me da la espalda y ya casi soy incapaz de distinguir su lejana silueta.
La noche viene en mi socorro haciendo que todos queden ciegos, como yo.


Menorca a 23 de Octubre de 2006