Silencios
A veces escribo silencios que se descuelgan de mis dedos impregnando las paredes de mi pequeña habitación. Mi espalda se estira; mis ojos se cierran. Inspiro fuertemente y el aroma de la soledad me toma, poseyéndome como una amante posee el alma de su amado. Las paredes me miran y creo que no saben exactamente qué opinar de mí. La oscuridad me acaricia las manos. Los recuerdos llaman a la puerta de mi casa, como casi todas las noches. Intento ignorarlos y me sirvo un vaso de leche. Fría como la noche me atraviesa hasta llegar al estómago. Miro con recelo por la ventana para ver si mis recuerdos han desistido en su intento de hacerme sentir vivo; y claro, allí siguen. Mi cama me engulle en un último intento protector. Las horas me dan palmaditas en la cara desvelándome. Me levanto y vuelvo a escribir silencios que se descuelgan de mis dedos. Al fin y al cabo, qué diferencia hay entre ayer… y hoy.
Porreres a 12/05/06

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