Su mirada
Su mirada indiferente me traspasa como un dardo envenenado de pasado olvidado. A veces dudo si esa mirada fue la que un día encendía mi vida. Ahora ya no tiene el brillo que antaño iluminaba mis noches y mis luceros. La que me decía tantas cosas con solo unos segundos de atención, que parecía guiarme como a aquel náufrago que busca desesperadamente una señal que le lleve a tierra firme. No me hacía falta nada más. Sólo aquella mirada tan suave, tan cómplice de mis secretos. Aquella mirada que cada vez que se posaba en mi timidez, parecía que llevaba siglos mirándome. Que me conocía como si hubiese estado a mi lado desde mi extrañada infancia. Ahora es una mirada mate de lejanía, de recelo. Ni siquiera puedo verme reflejado en ella, porque ni siquiera tengo tiempo de mirarla. Y me hundo. Bajo la mirada y camino despacio, sin ganas. Preguntándole a mi amiga la Luna, qué sucedió. Por qué solo ella, astro solitario, tantas veces amado, tantas veces llorado, me sigue siempre de cerca. Sin pedir nada a cambio, más que alguna mirada, por triste que ésta sea, y quizás con suerte una leve sonrisa. Y ella siempre brilla para mí. No como aquella mirada para la que ya no volveré a significar nada más que una leve sombra en el pasado. Una estela en el mar, que desaparecerá con el tiempo.

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